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Alopecia androgénica femenina

La alopecia androgénica femenina es de causa genética y multifactorial, en la que actúan mecanismos tanto andrógeno-dependientes como independientes de los mismos. Si se empieza a manifestar antes de la menopausia se denomina precoz, y si se manifiesta tras la menopausia se denomina tardía. Si empieza a manifestarse antes de la menopausia, se hará más evidente tras la misma, por el efecto de la disminución de estrógenos característica de esta etapa. Puede iniciarse a partir de los 8 años, coincidiendo con la adrenarquia, o sea, el comienzo de la producción hormonal de las glándulas suprarrenales.

En ambas puede haber, o no, un aumento de las hormonas sexuales masculinas (o andrógenos). Los andrógenos inducen una miniaturización de los folículos (es decir, se van haciendo progresivamente más finos) y si no se instaura tratamiento se convierten en vello. Es frecuente que existan antecedentes familiares directos afectados, aunque su ausencia no excluye que pueda aparecer este tipo de alopecia.

En la mujer, la alopecia puede estar asociada con enfermedades concomitantes, como déficits vitamínicos y de hierro, anorexia nerviosa o regímenes hipocalóricos, trastornos hormonales (como el síndrome de los ovarios poliquísticos, síndrome HAIR-AN, hiperplasia suprarrenal congénita, tumores suprarrenales u ováricos), etc. Para su estudio es fundamental descartar todas estas causas.

CLÍNICA Y EVOLUCIÓN

La clínica característica de las mujeres con alopecia androgénica es la pérdida de densidad capilar (es decir, que es más evidente el cuero cabelludo). Las zonas más frecuentemente afectadas son la región frontal central y parietal, con un “ensanchamiento” progresivo de la raya media del cabello, conservando la línea de implantación capilar. Con el tiempo puede haber una pérdida difusa a lo largo de toda la región superior del cuero cabelludo.

Existen 3 grados de alopecia androgénica femenina según la escala de Ludwig y Olsen (1 el más leve y 3 el más avanzado) estas tienen subtipos explicados en la escala de Savin ó 5 grados en la escala de Ebling para la alopecia androgénica femenina con patrón masculino. No todas las pacientes con alopecia androgénica llegarán al grado más avanzado de calvicie, aunque si no se instaura tratamiento lo habitual es que el curso de la alopecia androgénica sea lentamente progresivo, especialmente durante la juventud.

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico de la alopecia androgénica se realiza mediante exploración clínica y análisis con tricoscopía digital (microscopio digital utilizado en la consulta) que permite valorar densidad capilar, presencia de variabilidad de los diámetros de los tallos capilares, cuantificación del diámetro capilar y producción sebácea. Gracias a esta técnica de diagnóstico no invasivo, se puede realizar un diagnóstico temprano de forma iniciales de alopecia androgénica, permitiendo a la paciente beneficiarse de un tratamiento precoz para frenar su alopecia. Para el seguimiento de la alopecia androgénica es fundamental una correcta monitorización digital con fotografías estandarizadas, para poder valorar a medio-largo plazo la evolución y respuesta terapéutica a los tratamientos.

En relación a pruebas complementarias, en la mayoría de las ocasiones se requiere realizar por lo menos un estudio analítico inicial para valorar la presencia de alteraciones en parámetros que influyan en el crecimiento capilar, y verificar si existen alteraciones hormonales que se pueden asociar con la alopecia androgénica femenina, comentadas anteriormente.

TRATAMIENTO

El objetivo del tratamiento de la alopecia androgénica es en primer lugar frenar el avance de la alopecia. Hoy en día no existe un tratamiento curativo frente a la alopecia androgénica, es decir, las terapias disponibles deben mantenerse a largo plazo para conseguir mantener los resultados y evitar en la medida de lo posible la progresión de esta.

No es necesario mantener estos tratamientos “de por vida”, pero cuanto más tiempo se utilicen, mejor será el resultado. Si se suspenden, la paciente notará progresivamente que se pierde parte de la mejoría obtenida a lo largo del tiempo. Se suelen realizar esquemas de tratamiento combinados y pautas flexibles para que el tratamiento sea sostenible y así la paciente pueda mantenerlo, beneficiándose del mismo durante mucho tiempo.

La estrategia habitualmente utilizada es realizar un tratamiento más intensivo al inicio de este (primeros 2 años), ya que el efecto de las terapias no comienza a apreciarse hasta los 6 meses, siendo máximo a los 12-18 meses. A partir de entonces, la frecuencia e intensidad de los tratamientos disminuye para hacerlos más cómodos y sostenibles a largo plazo. La multitud de opciones de tratamiento disponibles hoy en día nos permite realizar cambios que se ajusten a las necesidades del paciente y de su alopecia en cada momento. La mejoría obtenida va a consistir en un aumento de la densidad capilar y engrosamiento del cabello fino existente, en algunos casos muy significativa.